Lunes, 24 febrero 2020
  • Clima
    15° C
  • Clima
    15° C
Lic. Alejandra Perinetti Dir. Aldeas Infantiles SOS Arg
30/12/2019
Niñez: Un año con muchas deudas pendientes
Recientemente el Observatorio de la Deuda Social de la Universidad Católica Argentina dio a conocer un nuevo informe. El fin de 2019 nos encuentra en medio de una crisis profunda que condensa años de atraso, desigualdad y falta de políticas públicas eficientes para transformar positivamente la realidad.

En Argentina, más de 16 millones de personas viven en la pobreza y 3.6 millones en la indigencia, es decir que no cubren las necesidades básicas de subsistencia. Datos que exponen la magnitud de una crisis ya que tampoco pueden acceder a servicios sociales de calidad que les permitan el ejercicio de sus derechos.

Niños y adolescentes son los más perjudicados. Los hogares más empobrecidos concentran la mayor cantidad de niños, 1.5 millones de niños viven en hogares que se encuentran en la indigencia y casi el 60% de los niños, más de 7 millones, vive en la pobreza y presentan necesidades insatisfechas.

Este fenómeno, conocido como infantilización de la pobreza refleja una situación en que la pobreza e indigencia afectan desproporcionadamente a un grupo poblacional especifico. Mientras que en la población general del país 4 de cada 10 personas son pobres, en el caso de los niños y adolescentes esa relación se eleva a 6 de cada 10. En otras palabras, apenas 4 de cada 10 niños de nuestro país tienen posibilidades de satisfacer sus necesidades más elementales.

Entre ellas, la dificultad para garantizar una alimentación adecuada es central en tanto tiene un alto impacto en el desarrollo. El 9.3% de niños, niñas y adolescentes sufre inseguridad alimentaria severa. Para dejarlo bien claro, la dimensión académica “inseguridad alimentaria” no es otra cosa que millones de niños y niñas con hambre, que a diario comienzan su día sin la certeza de un plato de comida. No solamente pasan hambre y no ingieren nutrientes esenciales para la etapa evolutiva en la que se encuentran, sino que esto conlleva un deterioro, físico, mental y cognitivo que los deja en desigualdad de condiciones desde la más temprana edad.

Para los niños y niñas vivir en la pobreza es además un futuro condicionado ya que tampoco acceden a servicios de atención de la salud y educativos de calidad capaces de acortar la brecha de exclusión y marginalidad.

Los niños no pueden esperar un día más. Es momento de actuar. Es necesario multiplicar los esfuerzos para que los niños y niñas de nuestro país tengan la posibilidad de vivir mejor, de desarrollarse de manera integral, de crecer como niños, de disfrutar del invaluable momento evolutivo que representa la infancia. No solo por la risa, los juegos, la espontaneidad y la inocencia sino porque allí se encuentra la esencia de la sociedad que queremos construir.

Una sociedad para todos, con igualdad de oportunidades y acceso al ejercicio de derechos o una sociedad solo para algunos privilegiados que deberán naturalizar el paisaje urbano donde la marginalidad y la exclusión nos muestre sus diferentes rostros en cada esquina.