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OPINIóN CERVECERA
13/03/2018
El presente es triste y decadente y el futuro todavía puede ser peor
El presente es triste y decadente y el futuro todavía puede ser peor
Luego de que Quilmes descendiera a la Primera "B" Nacional, la dirigencia atribuyó ese fracaso a los problemas heredados de la gestión anterior. Hoy, con la B Metropolitana cada vez más cerca, sólo hay silencio.
Los errores en las decisiones futbolísticas pueden llevar a un equipo a perder partidos y eventualmente la categoría. Pero cuando esto suele darse, los que toman esas decisiones generalmente aprenden y subsanan las fallas para el siguiente paso. En Quilmes esto parecería no ser así. El equipo sigue perdiendo, se acerca a la B Metropolitana y las responsabilidades no parecen ser asumidas.

La actual dirigencia del Quilmes Atlético Club llegó prometiendo un gran cambio fundado en lo generacional. Tenían que irse los grandes y debían llegar los jóvenes. La realidad de la gestión demostró una mezcla de diversidad política que nada tuvo que ver con aquella promesa. Nunca lograron afinidad de objetivos, procedimientos ni modelo de club. Así, se está comenzando a ver el resultado inevitable de una conducción manifiestamente heterogénea y dividida. La actual dirigencia recibió al club consolidado en Primera División y con una buena cantidad de puntos de ventaja sobre el equipo más comprometido para perder la categoría. Terminó de conformar el plantel y eligió el director técnico. Resultado: en mayo el club descendió a la B Nacional. Los directivos alegaron una situación económica y financiera incontrolable. Se presentaron en concurso y en casi dos años no pagaron un solo peso de la deuda recibida. No realizaron ni una obra significativa. El fútbol juvenil no permite ver nada del cambio permitido. Los chicos continúan en el predio y el plantel profesional cuenta con varios jugadores próximos a cumplir cuatro décadas de edad. 
Fuera de lo futbolístico el panorama no es mejor. Con los empleados del club hoy se mantiene una deuda que llegaría a los tres meses. Algunos manifiestan su fastidio en las redes sociales ya que la situación se les hace insostenible. Pasa lo mismo con el plantel profesional y el cuerpo técnico. El atraso en los haberes es significativo.
El aluvión de nuevos socios del primer semestre del 2016 se transformó en la baja de varios miles de ellos luego de perder la posibilidad de jugar en el círculo privilegiado.
Hoy, en segunda división, el Decano del Fútbol Argentino corre serio riesgo de un nuevo descenso, que podría ser el segundo en menos de un año. La realidad es alarmante, golpea y preocupa. Todavía se está a tiempo de salir a flote pero parece cada vez más difícil. Los errores se repiten, y la soberbia y la lucha de egos no ayudan ni un ápice en este momento crítico. Es indudable que el presente es triste, pobre y decadente. Pero en el futuro, lamentablemente y si no se corrige a tiempo, siempre se podrá estar peor.
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